
Lisa y Tom habían disfrutado de cinco meses de felicidad juntos, disfrutando de una relación que parecía perfecta. Sin embargo, todo cambió cuando Lisa descubrió algo que nunca imaginó: Tom adoraba la Navidad, una festividad que ella detesta profundamente. Esta revelación la dejó completamente sorprendida, pues durante años, Lisa ha tenido una aversión hacia esta época del año, llena de presiones sociales, obligaciones y recuerdos dolorosos.
Para Lisa, la Navidad siempre ha sido una época difícil de sobrellevar. Las reuniones familiares forzadas, la comercialización excesiva de la festividad y las expectativas de felicidad que no coincidían con su propia experiencia la hacían sentir incómoda y agotada. Por otro lado, Tom no podía estar más en desacuerdo. Para él, la Navidad es un tiempo de alegría, donde se celebra la unión, la generosidad y el amor. Es un momento para reunirse con los seres queridos, disfrutar de las tradiciones y crear recuerdos inolvidables. Esta diferencia de puntos de vista sobre una festividad tan significativa crea una tensión inesperada en su relación.
Lisa se encuentra en un dilema: ¿debería intentar ceder y darle una oportunidad a la Navidad por el bien de su relación con Tom? Después de todo, ella valora profundamente su vínculo con él, y la idea de que algo tan aparentemente trivial como una festividad pueda ser un obstáculo en su amor la hace cuestionarse. Sin embargo, por más que lo intente, le resulta difícil reconciliar sus sentimientos negativos hacia la Navidad con el entusiasmo de Tom.
A lo largo de su reflexión, Lisa se da cuenta de que este conflicto va más allá de la Navidad misma. La cuestión es si puede aceptar y adaptarse a una tradición que para ella tiene tantas connotaciones negativas, o si, por el contrario, esa incompatibilidad sería una barrera difícil de superar. ¿Es posible encontrar un punto medio que les permita disfrutar de la relación sin que la Navidad sea un tema de discordia?