
Scooby-Doo y su inseparable grupo de amigos se encuentran disfrutando de un campamento de verano lleno de diversión, pero pronto se dan cuenta de que algo extraño está sucediendo. Cada vez que alguien enciende una fogata y cuenta una historia de miedo, la criatura protagonista de la historia cobra vida y comienza a sembrar el caos. A pesar de los aterradores sucesos, la pandilla de Misterio a la Orden no es fácil de intimidar. Freddy, Daphne, Vilma, Shaggy y, por supuesto, Scooby-Doo, se arman de valor y se proponen resolver los misterios detrás de estos fenómenos sobrenaturales.
En su investigación, se enfrentan a tres figuras aterradoras: el Hombre del Bosque, una figura inquietante que acecha entre los árboles; el Pescador, que parece venir de las leyendas locales, y el Espíritu del Cañón Negro, una aparición fantasmal con oscuros secretos. A medida que la pandilla recoge pistas y se adentra en cada misterio, la atmósfera de miedo aumenta, pero ellos siguen firmes en su propósito de desvelar la verdad detrás de las criaturas.
Mientras sus amigos están ocupados investigando, Scooby-Doo y Shaggy no pueden dejar de pensar en la comida. A lo largo de las investigaciones, siempre están buscando una oportunidad para disfrutar de algo para comer, y, aunque sus estómagos sean una prioridad para ellos, también logran ser parte importante en la resolución de los enigmas. Como siempre, su hambre no los detiene de colaborar en la búsqueda de pistas cruciales.
Entre momentos de tensión y risas, los amigos logran descubrir que detrás de cada criatura se encuentra un villano con intenciones menos misteriosas y mucho más humanas. La pandilla, con su ingenio y valentía, desvela los secretos del campamento y deja en evidencia a los responsables de estos sucesos aterradores. Al final, como es costumbre, los misterios se resuelven, y el campamento regresa a la normalidad, dejando a la pandilla con la satisfacción de haber hecho justicia. Y, por supuesto, siempre hay un buen festín para Shaggy y Scooby-Doo al final del día.