
La señora de oro es una película inspirada en hechos reales que narra la historia de Maria Altmann, una mujer judía que, después de huir de Viena al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, regresa 60 años después para recuperar una valiosa obra de arte que fue confiscada a su familia por los nazis. Entre las propiedades robadas se encuentra el célebre Retrato de Adele Bloch-Bauer I, pintado por Gustav Klimt, una de las piezas más emblemáticas del arte vienés.
En 1938, durante la invasión nazi a Austria, la familia de Maria fue despojada de sus bienes, incluidos varios tesoros artísticos de gran valor. El Retrato de Adele Bloch-Bauer, que retrataba a su tía, se convirtió en uno de los principales símbolos de esta pérdida. Tras la huida de Maria y su familia, la pintura terminó en manos del gobierno austriaco, que se la quedó como parte de un legado cultural nacional, a pesar de su origen legítimamente familiar.
Decenas de años después, ya establecida en Estados Unidos, Maria decide luchar por lo que le pertenece. Con la ayuda de un joven abogado, Randy Schoenberg, se embarca en una ardua batalla legal para recuperar la obra. Juntos desafían al gobierno de Austria y luchan por el reconocimiento de sus derechos en la Corte Suprema de los Estados Unidos. La demanda no solo es una cuestión legal, sino también una búsqueda de justicia moral y histórica, enfrentando a las autoridades austríacas que se resisten a devolver lo que consideran una obra nacional.
Sin embargo, la lucha de Maria no solo se limita a los tribunales. Mientras avanza en su proceso legal, debe también enfrentarse a los dolorosos recuerdos de su pasado y las terribles consecuencias de los horrores vividos durante la guerra. La restitución de la pintura se convierte en una metáfora de la recuperación de su propia identidad y la confrontación con las heridas no cerradas de su historia familiar.