
Bass Reeves fue un hombre cuya vida dejó una huella imborrable en la historia del Viejo Oeste de Estados Unidos. Nacido en 1838 en Texas, Reeves se convirtió en el primer marshal afroamericano al oeste del río Mississippi, un logro que lo convirtió en una figura clave en la lucha por la justicia en un territorio donde la ley era escasa y la violencia predominaba.
Criado como esclavo, Bass Reeves obtuvo su libertad tras la Guerra Civil y se trasladó al territorio de Oklahoma, donde su carrera como oficial de la ley comenzó en 1875. Fue designado marshal federal, encargándose de hacer cumplir la ley en una vasta región donde la presencia de la justicia era limitada. A lo largo de su carrera, Reeves arrestó a más de 3,000 criminales, muchos de ellos fugitivos que habían cometido delitos como robo, asesinato y fraude. Su labor le permitió ganar reconocimiento por su habilidad para capturar a los delincuentes más peligrosos.
Lo que distinguió a Bass Reeves fue su valentía y destreza en el uso de las armas. En defensa propia, mató a 14 forajidos, lo que refleja la brutalidad de la época y los peligros a los que se enfrentaba constantemente. Sin embargo, no era solo su destreza en el combate lo que le otorgó respeto, sino también su inquebrantable compromiso con la justicia. A pesar de las adversidades raciales de su tiempo, donde un hombre negro en una posición de poder era una rareza, Reeves logró hacerse un nombre y se ganó el respeto tanto de los colonos como de los nativos americanos.
Su figura se destacó no solo por ser un sheriff eficiente y valiente, sino por la determinación con la que combatió la injusticia. El solo hecho de que un hombre negro pudiera desempeñar tan alto cargo en un territorio tan marcado por la discriminación era en sí mismo un acto de resistencia. A lo largo de su carrera, Reeves se mostró como una figura incansable que nunca dudaba en actuar con firmeza para hacer cumplir la ley.