
La premisa de la película se basa en la idea de que el gobierno noruego ha mantenido en secreto la existencia de una población de Trolls que vive en áreas restringidas del país, específicamente en cotos de caza situados en el extremo norte. La historia sigue a un grupo de jóvenes cineastas que, en su afán por destapar lo que creen que es una farsa gubernamental, se embarcan en una investigación que los lleva a descubrir una realidad mucho más aterradora de lo que jamás imaginaron.
A medida que avanzan en su pesquisa, los protagonistas recopilan pruebas y se topan con documentos clasificados, testimonios de testigos y, eventualmente, con los propios Trolls. Estas criaturas, descritas en la mitología nórdica como enormes y temibles, resultan ser reales, y su existencia ha sido cuidadosamente controlada por el gobierno para evitar el pánico masivo. La película plantea una narrativa envolvente en la que se exploran no solo los aspectos fantásticos del mito de los Trolls, sino también la naturaleza de los encubrimientos gubernamentales y el poder de la información.
Uno de los elementos más impactantes de este falso documental es su realismo. Utilizando técnicas de grabación en primera persona, material supuestamente filtrado y una ambientación oscura y tensa, la película consigue sumergir al espectador en la historia, generando la duda de si lo que está viendo podría ser real. Además, su enfoque en el folclore escandinavo añade un nivel de autenticidad que refuerza la inmersión en la trama.