
En un mundo primitivo y hostil, hace 20.000 años, durante la última glaciación, un joven se ve lanzado a una lucha por su vida que desafiará su resistencia física y emocional. La historia comienza con su primera cacería, en la que participa junto a un grupo de élite de su tribu. Sin embargo, durante la expedición, el joven es gravemente herido y, creyendo que ha muerto, es dejado atrás por sus compañeros. Al despertar, se encuentra completamente solo, con fuerzas menguadas y rodeado por un paisaje helado que no ofrece más que adversidad.
Aislado de su tribu y sin esperanza de ser rescatado, el joven se ve obligado a aprender a sobrevivir en un entorno implacable. La naturaleza, feroz y cruel, no ofrece tregua, y cada paso que da es una batalla constante contra el frío extremo, el hambre y los peligros que acechan en cada rincón. Sin embargo, a pesar de la desesperación que lo consume, el joven encuentra en sí mismo una fuerza que no sabía que poseía y empieza a adaptarse al entorno, confiando en sus instintos y habilidades.
En su solitaria travesía, el destino le depara un encuentro inesperado con un lobo solitario, abandonado por su manada. Al principio, la relación entre ellos es de desconfianza mutua. El joven, desconfiado de los animales salvajes, y el lobo, que ha sido rechazado por su grupo, parecen estar condenados a enfrentarse a su propio destino, cada uno luchando por sobrevivir a su manera. Sin embargo, la necesidad de sobrevivir los lleva a formar una alianza, a regañadientes.
Con el tiempo, el vínculo entre el hombre y el lobo se fortalece, y ambos aprenden a confiar el uno en el otro. Juntos, deben enfrentar los innumerables peligros que presenta la naturaleza: tormentas de nieve, terrenos traicioneros, y otros depredadores que no dudan en acecharlos. Esta relación de cooperación, forjada en la adversidad, les permite superar desafíos que de otra manera habrían sido imposibles de afrontar.