
Alexander, un niño de 11 años, vive lo que parece ser el peor día de su vida. Desde el momento en que se despierta, su jornada está marcada por una serie de desdichas que se acumulan una tras otra. Lo que comienza con una simple goma de mascar atrapada en su cabello se convierte en el inicio de un día desastroso. A medida que avanza el tiempo, Alexander se enfrenta a situaciones cada vez más complicadas, sintiendo que el universo entero parece estar en su contra.
Desesperado por contarle a alguien lo mal que le está yendo, Alexander comparte su frustración con su familia. Sin embargo, al relatar sus desventuras, se encuentra con una reacción que no espera: su familia, compuesta por su madre, su padre, su hermano y su hermana, no parece entender su sufrimiento. Todos, en lugar de mostrar empatía, responden con una actitud optimista, como si las calamidades que enfrenta no fueran tan graves. Esto deja a Alexander sintiéndose incomprendido y convencido de que las cosas malas solo le ocurren a él.
Pero pronto, Alexander se da cuenta de que no está solo en su infortunio. Mientras su día sigue empeorando, sus familiares también comienzan a vivir sus propias desventuras. Su madre, intentando preparar la cena, se encuentra con un desastre en la cocina; su padre, luchando con problemas en el trabajo, se ve atrapado en un lío administrativo; su hermano mayor, lidiando con un examen importante, también tiene su cuota de contratiempos; y su hermana pequeña, a pesar de ser más joven, se enfrenta a una serie de dificultades propias. Cada miembro de la familia, en su propia vida, experimenta lo que Alexander había sentido: un día terrible.