
Durante la Segunda Guerra Mundial, uno de los personajes más controvertidos y polémicos fue Mildred Gillars, una mujer estadounidense que se dedicó a emitir propaganda nazi en la radio, transmitiendo mensajes en favor del Tercer Reich a los soldados estadounidenses y a la población general. Apodada por un grupo de chicas cercanas a ella como «Axis Sally», su nombre se convirtió en sinónimo de traición y propaganda en tiempos de guerra. Este apodo reflejaba la ambigua relación que Gillars mantenía con las jóvenes que la rodeaban, una relación que se encontraba en un punto intermedio entre el amor y el odio.
Mildred Gillars nació en Portland, Ohio, en 1900, y en su juventud fue una mujer con una educación formal y aspiraciones profesionales. Sin embargo, su vida dio un giro inesperado cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, se trasladó a Alemania, donde empezó a trabajar para la emisora nazi «Radio Berlín». Como locutora y propagandista, Gillars usó su fluidez en inglés para difundir mensajes de desinformación, tratando de minar la moral de las tropas aliadas y de los civiles estadounidenses. Su tarea era clara: debilitar el ánimo de los soldados estadounidenses mediante mensajes que, en ocasiones, eran cargados de odio, burla y manipulación psicológica.
El apodo de «Axis Sally» no fue solo un apodo casual, sino que reflejaba el impacto de su trabajo. Aunque algunas personas la consideraban una traidora, otras veían en ella una víctima de la propaganda nazi, atrapada en una red de engaños y manipulaciones. Su voz resonaba en los hogares de los soldados en el frente, transmitiendo mensajes que fomentaban la desconfianza y el miedo, con el fin de sembrar la división entre los aliados. La relación de Gillars con su audiencia fue compleja, pues mientras algunos la odiaban por su traición, otros sentían una mezcla de fascinación y repulsión por la mujer que se convirtió en la voz del enemigo.
Finalmente, tras el colapso del régimen nazi y la caída de Berlín, Gillars fue arrestada en 1945. Fue juzgada en los Estados Unidos por traición, acusada de colaborar con el enemigo durante la guerra. El juicio tuvo lugar en Washington D.C., y la condena que recibió fue el reflejo de la complejidad de su figura. Fue sentenciada a 10 años de prisión, pero fue liberada en 1961 tras cumplir parte de su condena.