
Zoe es una mujer decidida que, cansada de esperar al hombre ideal, toma una decisión radical para hacerse madre por su cuenta. Después de años de decepciones amorosas y de ver cómo su vida sentimental no avanzaba, decide que es el momento de recurrir a un banco de esperma. Con esta decisión, Zoe se siente empoderada, liberada de las expectativas sociales y dispuesta a crear la familia que siempre soñó, sin depender de nadie más.
Sin embargo, la vida le tiene preparado un giro inesperado. El mismo día en que se somete al procedimiento de inseminación artificial, Zoe conoce a Stan, un hombre que parece cumplir con todos los requisitos de su pareja ideal. La atracción entre ellos es inmediata y, a pesar de que Zoe sigue adelante con su plan original, no puede evitar sentirse confundida por esta nueva posibilidad que se le presenta. Es como si el destino le estuviera diciendo que quizás aún haya una oportunidad para encontrar el amor verdadero.
La situación toma un giro aún más inesperado cuando Zoe descubre que, más allá de su comportamiento extraño y sus dudas, hay una razón mucho más importante detrás de todo: está embarazada. Este descubrimiento, lejos de ser una noticia tranquila, la deja sumida en un mar de incertidumbres. ¿Cómo le explica esto a Stan? ¿Cómo encaja ahora este embarazo en su vida y en su incipiente relación con él?
Cuando Stan se entera de la noticia, se ve impulsado a proponerle matrimonio, queriendo asumir la responsabilidad y darle a su relación una estabilidad que, en su opinión, ahora parece necesaria. Zoe, sorprendida pero también atraída por la idea, acepta, aunque no sin dudas. Ambos comienzan a prepararse para una boda que parece llegar demasiado rápido, pero a medida que la fecha se acerca, comienzan a darse cuenta de que no se conocen lo suficiente como para dar un paso tan importante. La emoción y las circunstancias del embarazo los han llevado a tomar decisiones precipitadas, y ahora deben enfrentarse a la realidad de que tal vez se han apresurado.