
En el Brooklyn de los años 80, dos niños enfrentan las complejidades emocionales del divorcio de sus padres. Esta historia sigue a Lucas y Emma, un hermano y una hermana que, a medida que sus vidas cambian drásticamente, deben encontrar la manera de adaptarse a una nueva realidad.
Antes de la separación, la familia de Lucas y Emma vivía en una rutina estable, con momentos de felicidad y frustración como cualquier otra familia. Sin embargo, el divorcio de sus padres pone fin a esa estabilidad, sumiendo a los niños en una serie de sentimientos contradictorios. La historia muestra cómo ambos luchan por entender lo que está ocurriendo a su alrededor y cómo la ruptura de la familia redefine su concepto de hogar y seguridad.
Lucas, el mayor, intenta desempeñar el rol de protector, pero se ve rápidamente abrumado por la situación. A pesar de sus esfuerzos por ser el apoyo de su hermana, las emociones que surgen en él son complicadas y difíciles de manejar. Por su parte, Emma, la más joven, se siente perdida y confundida, atrapada entre la tristeza por la separación de sus padres y la frustración por no poder comprender por qué su mundo se ha roto. Ambos intentan sobrellevar el dolor de la mejor manera posible, pero pronto se dan cuenta de que necesitan aprender a lidiar con sus propios sentimientos, sin el apoyo inmediato de una familia unida.
El relato no solo explora la relación de los niños con sus padres, sino también cómo el entorno social en el que viven se ve afectado por el divorcio. La escuela, los amigos y los vecinos, que alguna vez fueron una red de apoyo, ahora parecen distantes y desconcertados por los cambios que se están produciendo. Lucas y Emma sienten que ya no encajan del todo en el mundo que antes conocían, lo que intensifica su sentimiento de soledad.