
Ariadna nunca imaginó que la historia de su familia la llevaría a emprender un viaje lleno de emociones y descubrimientos. Todo comenzó cuando se enteró de que su abuelo llevaba años buscando los restos de su padre, desaparecido durante la Guerra Civil española. Movida por el deseo de ayudarlo, decidió viajar a Burgos, donde se estaba llevando a cabo la exhumación de una fosa común en la que su bisabuelo podría estar enterrado.
Al llegar, Ariadna se sumergió en un mundo de recuerdos y voces silenciadas. Conoció a otros familiares de desaparecidos, personas que, como su abuelo, llevaban décadas esperando respuestas. Cada historia que escuchaba la conmovía y la impulsaba a continuar su propia búsqueda. Sin embargo, lo que más la sorprendió fue descubrir la historia de Antoni Benaiges, un joven maestro de Tarragona que, antes del estallido de la guerra, había sido profesor de su abuelo.
Antoni Benaiges no era un maestro común. Inspirado por los métodos pedagógicos innovadores de la época, inculcó en sus alumnos una visión del mundo basada en la creatividad y la libertad de pensamiento. A través de la imprenta escolar, permitió que los niños escribieran y publicaran sus propias ideas, reflejando sus sueños y aspiraciones. Uno de esos sueños quedó plasmado en un cuaderno titulado El mar. Visión de unos niños que nunca lo han visto, en el que los pequeños describían con ilusión la promesa de su maestro: llevarlos algún día a conocer el mar.
Pero la guerra truncó aquella promesa. Con la llegada del conflicto, Antoni fue detenido y ejecutado, convirtiéndose en una de las tantas víctimas de la represión franquista. Su legado, sin embargo, no se perdió. Décadas después, su historia seguía viva en la memoria de aquellos que lo conocieron, y ahora también en la de Ariadna, quien comprendió que su viaje no solo era una búsqueda personal, sino también un acto de justicia y memoria histórica.
Mientras las excavaciones avanzaban, Ariadna se enfrentó a la incertidumbre de si encontrarían los restos de su bisabuelo. Pero más allá de la respuesta final, su travesía le permitió comprender el poder de la memoria y la importancia de no olvidar. A través de Antoni Benaiges y su abuelo, descubrió que las historias del pasado siguen resonando en el presente, y que recordar es, en muchos casos, la única forma de hacer justicia.