
La tercera entrega de la saga protagonizada por el enigmático Robert McCall, interpretado por Denzel Washington, continúa explorando la vida de este complejo personaje, un hombre que intenta dejar atrás su pasado lleno de violencia, pero cuya naturaleza lo arrastra una vez más al centro de la acción. McCall es un antiguo marine y ex agente de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) que, tras una vida marcada por las sombras de sus misiones secretas, decide fingir su muerte con la esperanza de encontrar la paz. Su objetivo es vivir una vida tranquila y sencilla, alejada del peligro y la tensión, pero la realidad demuestra ser muy diferente.
A lo largo de la saga, McCall ha sido retratado como un hombre de principios inquebrantables, dispuesto a hacer justicia por su cuenta cuando las instituciones no pueden o no quieren intervenir. En cada película, su lucha interna se ve reflejada en las decisiones difíciles que toma para proteger a aquellos que no pueden defenderse por sí mismos, a menudo enfrentándose a criminales y organizaciones corruptas. Aunque intenta evitar la violencia, su entrenamiento y habilidades excepcionales lo convierten en una figura imparable cuando la situación lo requiere.
En esta tercera entrega, McCall se encuentra nuevamente en una situación que lo empuja a volver a sus viejos hábitos. Su retiro, que parecía definitivo, se ve truncado cuando se cruza con una nueva amenaza que pone en peligro la vida de personas inocentes. Aunque al principio resiste la tentación de involucrarse, la necesidad de hacer lo correcto y proteger a los vulnerables lo arrastra a una nueva confrontación con el crimen organizado.
El personaje de McCall ha evolucionado a lo largo de la saga, convirtiéndose en un símbolo de justicia personal. Sin embargo, la pregunta que persiste es si algún día podrá realmente escapar de su pasado. Cada película plantea una nueva capa de su complejidad, enfrentándolo con enemigos más peligrosos y situaciones más extremas, mientras él sigue buscando su redención personal.