
Durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de marines navajos desempeñó un papel crucial en la protección de las comunicaciones de las fuerzas armadas estadounidenses. Estos hombres, originarios de las tribus navajas del suroeste de los Estados Unidos, fueron reclutados para utilizar su lengua materna, el navajo, como un código de radio que era prácticamente imposible de descifrar para los enemigos. A través de su habilidad con el idioma, los marines navajos ayudaron a asegurar una ventaja estratégica vital en el teatro del Pacífico.
El idioma navajo, conocido por su complejidad y particularidades, fue seleccionado debido a que no existía una escritura oficial y su estructura gramatical era tan diferente de las lenguas europeas que resultaba completamente incomprensible para los espías enemigos. Los marines navajos fueron entrenados para transmitir mensajes en este idioma, que se codificaba de tal manera que ningún otro grupo, ni siquiera con el equipo de interceptación más avanzado, podría entenderlo.
En este contexto, los marines estadounidenses desempeñaron una función fundamental como guardianes de los codificadores navajos. Estos soldados fueron asignados para proteger a los navajos durante sus misiones, asegurándose de que pudieran operar de manera segura en el campo de batalla sin riesgos de ser atacados o interceptados mientras enviaban los mensajes cifrados. Su tarea era salvaguardar tanto la integridad física de los codificadores como la seguridad de los códigos que utilizaban, lo que a su vez garantizaba que las fuerzas estadounidenses pudieran coordinarse de forma efectiva en las distintas operaciones militares.